Se ven, por supuesto, destellos de recuerdos, memorias ocultas del sub-conciente social, atrapadas en las mentes de algunos y que sólo ven luz a través de periodistas aventurados, a quienes la mordaza del terrorismo institucional todavía no termina de silenciar por completo, como el caso de "La Carta de Gustavo Coronel a Jorge Arreaza". Y son ocultas, porque no alcanzan ni siquiera a ser captadas por un 5% de la población, que duramente, desconoce de sus propias conexiones con la realidad de otrora, cuando funcionaba como sociedad y no como cuartel de zombies.
Seamos nosotros mismos entonces las luces que devuelvan la razón y esperanza a este país, hagamos que renazca nuestra vida activa, productiva y saludable. Porque no hay remedio ni pastilla que cure esta enfermedad. No hay factor externo que nos ayude a superar nuestro problema. Y aquellos que hoy reprimen, torturan, persiguen, desangran y mantienen al país en este letargo, no se irán voluntariamente, (ni por votos según ellos mismos). Sólo la fuerza de una multitud avasallante en el lugar y momento indicados podrá romper esta deprimente premonición... Y para lograr eso, cuesta.
Organización, determinación y fuerza.
D.